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domingo, 6 de marzo de 2011

El significado de las palabras




Frases que son lianas que son manchas de humedad que son sombras proyectadas por el fuego en una habitación no descrita que son la masa oscura de la arboleda de las hayas y los álamos azotada por el viento a unos trescientos metros de mi ventana que son demostraciones de luz y sombra a propósito de una realidad vegetal a la hora del sol poniente por las que el tiempo en una alegoría de sí mismo nos imparte lecciones de sabiduría tan pronto formuladas como destruidas por el más ligero parpadeo de la luz o de la sombra que no son sino el tiempo en sus encarnaciones y desencarnaciones que son las frases que escribo en este papel y que conforme las leo desaparecen:


no son las sensaciones, las percepciones, las imaginaciones y los pensamientos que se encienden y apagan aquí, ahora, mientras escribo o mientras leo lo que escribo:


no son lo que veo ni lo que vi, son el reverso de lo visto y de la vista -pero son lo invisible: son el residuo no dicho,


no son el otro lado de la realidad sino el otro lado del lenguaje, lo que tenemos en la punta de la lengua y se desvanece antes de ser dicho, el otro lado que no puede ser nombrado porque es lo contrario del nombre:


lo no dicho no es esto o aquello que callamos, tampoco es ni-esto-ni-aquello: no es el árbol que digo que veo sino la sensación que siento al sentir que lo veo en el momento en que voy a decir que lo veo, una congregación insustancial pero real de vibraciones y sonidos y sentidos que al combinarse dibujan una configuración de una presencia verde-bronceada-negra-leñosa-hojosa-sonoro-silenciosa;


no, tampoco es esto, si no es un nombre menos puede ser la descripción de un nombre ni la descripción de la sensación del nombre ni el nombre de la sensación:


el árbol no es el nombre del árbol, tampoco es una sensación de árbol: es la sensación de una percepción de árbol que se disipa en el momento mismo de la percepción de la sensación de árbol;


los nombres ya lo sabemos, están huecos, pero lo que no sabíamos o, sí lo sabíamos, lo habíamos olvidado, es que las sensaciones son percepciones de sensaciones que se disipan, sensaciones que se disipan al ser percepciones, pues si no fuesen percepciones ¿cómo sabríamos que son sensaciones?


sensaciones que no son percepciones no son sensaciones, percepciones que no son nombres ¿qué son?


si no lo sabías, ahora lo sabes: todo está hueco;


y apenas digo todo-está-hueco, siento que caigo en la trampa: si todo está hueco, también está hueco el todo-está-hueco;


no, está lleno y repleto, todo-está-hueco está henchido de sí, lo que tocamos y vemos y oímos y gustarnos y olemos y pensamos, las realidades que inventamos y las realidades que nos tocan, nos miran, nos oyen y nos inventan, todo lo que tejemos y destejemos y nos teje y desteje, instantáneas apariciones y desapariciones, cada una distinta y única, es siempre la misma realidad plena, siempre el mismo tejido que se teje al destejerse: aun el vacío y la misma privación son plenitud (tal vez son el ápice, el colmo y la calma de la plenitud), todo está lleno hasta los bordes, todo es real, todas esas realidades inventadas y todas esas invenciones tan reales, todos y todas, están llenos de sí, hinchados de su propia realidad;


OCTAVIO PAZ: El mono gramático

miércoles, 16 de febrero de 2011

Las palabras


... Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen ... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo junto al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las libero... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos del naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando.. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras.


Pablo Neruda

Fragmento de: Confieso que he vivido.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Esta es la historia de como empecé a escribir:




Tengo 17 años y cuando tenía más o menos 11 tuve que escribir una historia para el colegio que debia estar ubicada en la edad media. Todavia no se me habia ocurrido nada y ya faltaba solo un dia para la fecha de entrega, cuando vi el comercial o el tráiler de una película (ya no recuerdo bien) que se trataba del Rey Arturo. Entonces, una inquietud surgió dentro de mí. No conocía muy bien la historia del Rey Arturo, ni siquiera estaba seguro de que fuera del Medioevo, lo único que sé es que me sentí inspirado. Me pregunté (sin saber siquiera si él había alguna vez existido): “¿Que sentiría él si supiese que casi un milenio después de haber muerto la gente sigue hablando de él?”.  Ante este pensamiento me decidí a escribir una historia relacionada con él. Antes de empezar a escribir le pregunté a mí papa quien fue el Rey Arturo y él me respondió: Él no existió, es solo un personaje literario, alguien ficticio. Pero contrario a lo que muchos podrán pensar no me sentí desilusionado, porque entonces me dije: “quienquiera que haya escrito ese libro pasó a la historia”.
Escribí el cuento y lo entregue al día siguiente. Una semana después nos entregaron los trabajos revisados y con las respectivas calificaciones. Había obtenido un 97 sobre 100. Me sentí muy emocionado y, como era de costumbre en mi salón, la profesora aununcio quienes habían obtenido las tres calificaciones más altas, y resultó que yo había obtenido la mas alta. Jamás me había sentido tan orgulloso de mi mismo, supongo que no fue tanto por la calificación sino por la satisfacción de saber que había tenido éxito con algo que había disfrutado haciendo. Cuando terminó la clase la profesora me dijo: Nunca pares de escribir, tienes mucha imaginación. Sé que te preguntaras porque no sacaste 100 (en realidad no me lo preguntaba), no obtuviste esa calificación porque usaste un nombre que ya existía.
“Nunca pares de escribir”, bien supongo que había olvidado esa frase, ha pasado tanto tiempo que ya ni recordaba porque había empezado a escribir pero ahora vuelve a mi. Empecé a escribir porque no quería que lo que yo pensaba muriera conmigo, porque quería ser como aquel que escribió el libro de donde surgió el Rey Arturo. Porque quería expresar todo lo que sentía, plasmar todas mis preguntas y responderlas escribiendo. Y aun no puedo creer que después de 5 o 6 años de escribir y leer con tanto amor, estuve a punto de parar...