martes, 15 de abril de 2014

Ana


"No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible."
Gabriel García Marquez

Una vez que hubo entendido lo que significaba estar del otro lado de la cama, Samuel tuvo que reconocer la derrota definitiva del amor. Desde pequeño, en realidad desde que tenía memoria, había dormido siempre mirando hacia la derecha y ahora ocurría que el matrimonio le imponía lo contrario y él no tenía forma de defenderse de la fuerza avasalladora de su esposa. Ana le había parecido aquella noche, en la librería que él frecuentaba desde que había conocido a los dueños mientras se hacían publicidad muy humildemente en una carpa escuálida en el Parque Nacional, una mujer muy distinta a la que había resultado ser: sin ninguna dificultad para imponer su voluntad con su mirada irremediable. Jamás habría podido imaginar que algún día habría de dominarlo de tal modo y con tal ímpetu esa hermosa adolescente de 24 años, con su boina gris escurrida deliberadamente hacia la izquierda, sus zapaticos negros lustrados a la perfección, sus gafas gruesas que ocultaban medianamente sus refulgentes ojos zarcos, la blusa negra rayada horizontalmente por anchas franjas blancas y la hebilla áurea del cinturón que sujetaba su falda cubierta intermitentemente por una bufanda mal colgada meciéndose al vaivén de su brazo derecho, que revolvía cada anaquel del lugar en busca de cualquier libro de Gertrude Stein o Simone Beauvoir.

Por aquel entonces, Samuel estaba convencido de que el mundo habría de pertenecerle algún día; hacía un año se había graduado con honores de Economía de la mejor universidad del país y ya estaba trabajando en una de las empresas más importantes del sector bancario, ganándose un buen sueldo y rodeado cada noche de viernes por mujeres deliciosas que conquistaba en algún bar de la 85 o la 93 y que embarcaba frívolamente en taxis antes de siquiera venirse. Todo iba bien. El único inconveniente era que su vida entera iba en una dirección contraria al derrotero que alguna vez creyó él que esta tomaría. Desde que había sido ganador de un concurso literario de medio pelo que a nadie le importaba más que a él y a su familia y gracias también al reconocimiento efímero de cierto círculo de gente que no sabía más de literatura que lo que cualquier bachiller de Suecia o Noruega tendría que saber para graduarse, le había parecido tener la certidumbre de que tenía todo el potencial para ser un enorme escritor. Sin embargo, las dificultades económicas de su familia y la escasa oferta de carreras literarias por parte de las universidades, lo empujaron en más de un sentido a aceptar una beca para estudiar Economía. Y no es que no le gustara la carrera que ejercía, es sólo que no lo llenaba. Como no lo llenaba tampoco la satisfacción automática de sus deseos mundanos por el simple hecho de tener un buen puesto. Mierda… y lo peor es que todo el mundo esperaba demasiado de él. Su madre, su padre, sus amigos, sus compañeros y los directivos de la universidad lo habían ensalzado grandiosamente durante tanto tiempo que había perdido ya del todo la humildad. Lo habían convencido de que era muy inteligente, talentoso. Nosotros lo veíamos siempre como alguien brillante, en la universidad nos ayudaba bastante a la hora de hacer ejercicios y trabajos, todos esperábamos como costumbre que la nota más alta fuese la de él, debo confesar que un día sentí atracción por él pero luego me di cuenta de que no era por él sino por uno de sus amigos, es que por ese entonces yo tenía una miopía no diagnosticada, a mí me pareció un muchacho proactivo desde el día mismo en que lo entrevisté, era un estudiante preocupado por el desarrollo y crecimiento de la facultad, nos pareció que encapsulaba a la perfección el espíritu y los valores verdaderos de nuestra universidad, por eso le dimos la beca cuando se presentó. Samuel también se creía una persona muy inteligente y sus mal fundadas ínfulas de escritor no contribuían en nada a aterrizarlo. Para él, era cuestión de tiempo para que le entregaran el Nobel de Literatura, el de Economía, el de la Paz, un Oscar, dos Balones de Oro, jueputa, hasta un Grammy creía él secretamente que merecía por sus cantos inauditos en la ducha. Ensordecido por el ruido de su propio ego, Samuel ya no sabía ni qué era ni qué buscaba. Estaba por completo desorientado, como si el mismo Mike Tyson le hubiese asestado un uppercut en la mandíbula. Los sábados, a eso de las seis de la tarde, Samuel se sentaba muy románticamente en el escritorio de su pretencioso apartamento de soltero, con una botella de vino al lado y una caja de cigarrillos sin filtro, y comenzaba a redactar muy envalentonado en su máquina de escribir cuentos que de algún modo él sabía eran fusilamientos de García Marquez, Dostoyevski, Borges o Cortázar. Y lo que escribía no podía dejar de parecerse a lo que más había leído sencillamente porque su talento como escritor se reducía a su inteligencia. No era que escribiera bien sino que tenía la capacidad de adaptar los temas y los estilos de los maestros a lo que él sentía que podría tener éxito. Pero se mentía tristemente. Para él todo lo que escribía era oro puro y mientras ponía algún jazz de Armstrong, Davis o Brubeck, releía ávido sus escritos y sentía crecer con cada frase terminada la llama fatua de su amor propio. Lo mejor, si pensamos en lo valiosa que es la miseria humana para efectos cómicos, es que todos los lunes le llevaba sagradamente a uno de sus amigos del colegio, que era ahora un poeta reconocido, folios con lo que él había escrito. El hombre le mentía por antigua estima y cortesía, pues no sabía cómo hacerle saber a Samuel que todo lo que escribía era basura pura. A mí nunca me pareció un buen escritor, cuando estábamos en el colegio éramos amigos y yo todavía no sabía lo suficiente como para darme cuenta de la pésima calidad de lo que él escribía, y luego tuvimos juntos escarceos ridículos en el arte del guión cinematográfico ¡hasta hablábamos de algún día filmar una trilogía alrededor de Bogotá!

Es increíble como el amor cambia a la gente. Por un lado, al amigo poeta de Samuel y por otro, a Samuel mismo. Durante un buen tiempo el poeta había buscado la forma de terminar con la moribunda pero esforzadamente prolongada amistad con Samuel y no había logrado acopiar el coraje suficiente para confrontarlo. Pero conoció a otra poeta. En algún simposio sobre la semejanza entre el hombre capitalista y los french poodle, al que lo invitaron a participar y al que se había rehusado a asistir por lo que él llamaba el “respeto a la libre expresión corporal”, la poeta había tenido que ocupar su lugar. Disfrazado de estudiante de filosofía o alguna ciencia social sin importancia y sentado entre el público como cualquier otro inconforme de izquierda, el poeta escuchó subrepticiamente todo el simposio y quedó deslumbrado por la lucidez de la poeta. Y una vez la tuvo frente a frente, más que la lucidez lo cautivó la redondez de sus tetas. Una cosa llevó a la otra y antes de que pudieran ser conscientes de lo que ocurría, ambos estaban follando en el baño del claustro mientras se recitaban entre gemidos versos de Tristan Tzara y Mario Benedetti. Amor a primera vista, sin duda. Si alguno de los dos hubiese siquiera mencionado El reloj de Baudelaire, estoy seguro que nos hubiésemos casado ese mismo día. En menos de una semana estábamos viviendo juntos y fue entonces cuando conocí a Samuel. Le cayó pesadísimo, especialmente porque en algún momento había querido justificar la influencia de León de Greiff en la poesía de Gonzalo Arango. 

Y fue gracias a la influencia de su flamante novia que el poeta se convenció de decirle por fin a Samuel que lo que escribía era pésimo. Para Samuel fue durísima aquella conversación, no sólo porque comprendió que hacía ya mucho tiempo que el poeta había dejado de disfrutar la amistad, sino también porque entendió que su oportunidad de ser escritor era ahora lo mismo que para un náufrago un barco que se aleja en lontananza. Dos días fingió Samuel estar enfermo para no ir al trabajo, cuando en realidad estuvo todo el tiempo perdido hondamente en la selva confusa del alcohol y las tres prostitutas de culos grandes que tenían sexo a ratos con él y a ratos sin él. La orgía se detuvo cuando Cindy escuchó a Johana decirle a Jessica que se había dado cuenta de que el idiota ya no tenía más efectivo. Con una resaca terrible, Samuel fue al otro día al trabajo y vomitó sin que nadie lo supiera en una de las negras canecas oblongas adosadas al pasillo de la entrada. Natalia, una de sus compañeras de trabajo, sí intuyó lo ocurrido tan pronto se bajó del ascensor, pero nunca se atrevió a mirar al interior de la caneca y se llevó esa sospecha a la tumba. Un poco más allá de la hora del almuerzo, Samuel se tomó dos comprimidos efervescentes y se sintió mucho mejor. Tanto así, que manejando por la noche hacia su casa pudo soportar, quizás por primera vez en su vida, una emisión entera de La hora del regreso.

Detenido en uno de los semáforos de una de las posibles rutas que lo conducían del trabajo a su casa, Samuel se conmovió al escuchar que se cumplían 40 años de la muerte de Louis Armstrong. Nostálgico, porque desde muy pequeño había adorado la música de ese negro de labios gruesos y brazos fuertes, quiso comprar alguno de sus discos. Pocas veces la gente reconoce la importancia del azar en nuestras vidas y confieso que yo tampoco la comprendía del todo hasta esa noche. Allí estaba yo, dirigiéndome en una lluviosa noche de jueves a la librería de siempre y todo porque había escuchado hablar de Armstrong en un programa radial que nunca sintonizaba. La cabeza todavía me dolía, sobre todo en la parte de atrás, y la sed erosionaba mi garganta acremente. Cuando crucé el umbral de la librería y así parezca que lo digo como recurso literario, sentí realmente que algo para mí habría de cambiar decisivamente. Saludé como de costumbre a Carmenza, la esposa del dueño, que era quien realmente atendía el lugar y quien se había ganado el corazón de los clientes asiduos como yo, a punta de descuentos no autorizados y chocolates de cortesía. Estuve un rato hablando con ella y luego comencé mi búsqueda. Todos los discos de Armstrong que habían en el sitio ya los tenía yo en mi casa y eso me molestó inexplicablemente. Supongo ahora que de alguna manera me daba cuenta que la situación era una alegoría de mi vida: tenía ya todas las comodidades que había deseado para mí y sin embargo no me sentía satisfecho. El caso es que me iba a ir, descontento como estaba por mi fracaso, pero antes incluso de que alcanzara la puerta Carmenza me increpó tiernamente porque no había comprado nada. Aunque no tenía por qué hacerlo, sentí una cierta obligación inercial de comprar algo. Pensé que lo mejor era buscar un libro que no tuviese nada que ver con literatura, mi más reciente desilusión, y entonces me puse a ojear los libros de historia. Uno de los libros que estaban junto al que tenía en mis manos se cayó inexplicablemente sobre mi pie. Mi primera reacción fue tratar de barruntar quién, cuyo nombre empezaba por L, había sido la persona que me había pensado, pero rápidamente me percaté de que el estante todo estaba vibrando y que los libros temblaban en sus puestos y conjeturé que seguramente yo había acomodado mal el libro y que la constante vibración lo había hecho caer.

Samuel se dirigió al pasillo de al lado para ver quién había causado que el libro cayera sobre su pie y vio por primera vez a Ana. Su vestimenta parecía sin dudarlo un recorte de algún artículo de los años sesenta sobre el movimiento beatnik. Impaciente, Ana tomaba los libros cual autómata y tras ojearlos unos segundos volvía a ponerlos en el hueco al que pertenecían. Parado al final del pasillo, Samuel veía juguetear desenfadadamente con los libros a la mujer que habría de influenciarlo mucho más que la poeta al poeta, quienes terminaron a los dos meses y sólo volvieron a hablarse cuando nació a los siete meses su primer hijo. A Carmenza, que había escuchado a Samuel mencionar a Armstrong cuando había amagado irse, también le habían dado ganas de oír un poco de ese jazz lleno de magia y murria. Movido por algo que jamás lo había movido antes, Samuel se acercó a Ana y le preguntó qué buscaba. Por primera vez le vi los ojos, esos ojos azules que la gente no podía pasar nunca por alto cuando hablaba con ella. Comenzó a sonar Stardust y Samuel sintió que todo se confabulaba a su favor, que así como lo soñaba Anny en La Náusea la situación tenía potencial para convertirse en un momento perfecto. Y tal cual era en el libro, todo dependía de mis decisiones, de cómo condujera el asunto. Lo que le dije no es tan importante como lo que no le dije. Nervioso como estaba, Samuel le preguntó a Ana si había ido antes a esa librería y ella le dijo que no, que era la primera vez que venía. ¿Y tú… vienes aquí seguido? Es casi mi segundo hogar. Yo no vivo por acá, pero estaba visitando a una amiga. De hecho, estábamos terminando un trabajo. ¿Un trabajo? Sí, es una reseña conjunta sobre Rayuela. Samuel se mostraba incrédulo, después de todo era su libro favorito. Tan pronto ella había dicho Rayuela, Armstrong comenzaba a cantar la letra. Ambos se quedaron en silencio, mirándose hasta cuando el negro había dejado ya de cantar y sólo se escuchaba la trompeta endiablada del sureño cerrando la canción con maestría. Lo que pasó ese día una vez acabada la canción es irrelevante. Al otro día volvimos a vernos y al mes había renunciado yo a mi trabajo. ¿Por qué dejar de escribir solamente porque no soy bueno?  Al fin y al cabo, yo no escribía para ganar un Nobel ni el reconocimiento multitudinario de los críticos, como en un principio lo creí. Escribía porque era lo único que me daba placer. Y Ana me hizo darme cuenta de eso cuando me hizo volver a sentir un placer genuino por mi existencia. Después de un año de salir juntos, Samuel le pidió matrimonio en la misma librería y en el mismo pasillo en que se conocieron, mientras sonaba de nuevo Stardust en el fondo. Aún hoy en día la bailan con esmero cuando celebran su aniversario. Creo que nunca fui más consciente de lo que significaba amar a alguien hasta que tuve que acostumbrarme a dormir hacia el otro lado de la cama, es decir, ni siquiera sabía lo importante que era para mí dormir mirando hacia el lado derecho y de todos modos cuando ella me lo pidió con la dulzura de siempre yo no pude resistirme. Los dolores de cuello que sobrevinieron tras esa decisión no unánime fueron terribles, pero cada vez que me quedaba viéndola o que podía jugar con sus bucles cobrizos apenas si me percataba de que los tenía. 

Samuel siempre imaginó que cuando el amor lo alcanzase él tendría la fuerza lógica y la firmeza mental para no dejarse dominar por el sentimiento. Pensó ingenuamente que nunca se casaría ni tendría hijos. Que el amor no iba a envolverlo, a adormecerlo, a idiotizarlo. Pero fue un idiota más mientras conquistaba a Ana, hacía cosas en el fragor del momento de las que luego se acordaba y reflexionaba y se reía porque se daba cuenta de que también él, el estudiante brillante, el escritor promisorio, el trabajador destacado, había caído en la trampa. Creo que lo que me atrajo inexorablemente a Ana en ese momento fue que en ella vi algo que había olvidado de mí mismo y era el amor por los libros. En cierto nivel sentí que ella era un yo mucho más puro, mucho más decantado, sin los adornos del éxito ni el antifaz del dinero. Ana me humanizó como nada nunca lo había hecho; me hizo vulnerable, me redujo a la condición de hombre común, de ser humano igual a los demás. Igual de ignorante, igual de impotente, igual de sometido a las veleidades del hado. Esa noche Samuel no sólo sintió que se reencontraba con su verdadero yo, sino que de alguna manera sintió al mirar a Ana, que entraba en otra cosa, que traspasaba algún tipo de frontera intangible.

Algo parecido le pasó a Ana con Samuel. El día en que se conocieron, Ana estaba al otro lado de la ciudad y por una concatenación improbable de circunstancias terminó a dos cuadras de la librería. Narrar la historia de Ana no tiene mucho sentido ahora porque lo que vivió Ana antes de conocer a Samuel también tiene los altibajos y las tragedias propias de toda vida humana. Sus relaciones anteriores fueron unas buenas y otras pésimas. A ella también le rompieron el corazón, también sintió en algún momento que estaba perdida, que algún boxeador sin nombre le había dado un golpe certero en el oído. Sintió también, en medio de las elucubraciones pueriles de casi todo ser humano, que iba a dominar el mundo. Tuvo que renunciar a muchas cosas para obtener otras y muchas veces no las obtuvo y vio terminar como todos largas amistades que creyó que durarían para siempre. Algunas veces ganó y otras perdió. Fracasó y se rindió, como cualquiera cuando ha sido cobarde.


Antes de conocerse en la librería de Carmenza y Antonio ni Samuel ni Ana creían en el azar o en el destino, para ellos cada quien forjaba su propio camino, cada quien escribía su propia historia. Después de todo, ambos tenían almas de escritores.

domingo, 27 de enero de 2013

Jazz


Yo leo la vida como si fuera un jazz sempiterno: todo elemento que compone este universo es para mí una nota musical a la espera de ser descubierta por un clarinete nostálgico, una trompeta ensordecedora, un saxofón embrujador; veo toda la historia de la humanidad como un Si tu vois ma mere en slowmotion, un fútil dialogo de instrumentos con el único y frívolo propósito de divertir a ese, que vaya uno a saber si realmente existe.

miércoles, 3 de octubre de 2012

El Clon


A  Sofía

Anoche vi a una mujer igualita a ti. Habría jurado que eras tú si no es porque estaba seguro de que ya no andabas en la ciudad. Era tu clon. Se movía como tú, sonreía como tú, gesticulaba como tú, temblaba como tú, incluso tenía la misma manía de mover el pie izquierdo cada nada como pisoteando un cigarrillo que no quiere apagarse. La vi pasar junto a mí en una librería, avanzar trémula, sin creer ciegamente en la solidez del suelo. Sé que hace ya mucho tiempo que no te escribo, pero no es algo que ocurra solamente contigo, es un bloqueo general, una obstrucción creativa. La primera versión de esta carta era un poco graciosa, te lo juro, te habrías muerto de la risa si hubieras visto mi redacción ingenua, parecía un escritor novel, subordinando frases infinitamente, tratando de trasgredir la forma en un esfuerzo por lograr algo, en un intento fútil por hacerme sentir, por decirle a quién sabe quién que yo sí importo, que sí soy bueno en lo que hago y la verdad ni sé porqué actúo de ese modo si ya sé de antemano que sólo me importa lo que opinas tú, lo demás me da igual, que si el editor cree en mí, que si la crítica cree en mí, que si los lectores creen en mí, eso no importa, y creo que ocurre así con todo escritor: realmente nos influencia la opinión de una sola persona. En mi caso eres tú. En mi caso tú eres la musa, tú eres la historia, tú eres el objetivo, la letra, la sangre, la espectadora, la triste protagonista, porque lo que escribo casi siempre es triste, porque de una u otra forma todo huele a ti, todo me conduce a ti. Por eso es que a veces me voy de mi casa y deambulo por las calles sin saber adónde voy, con una botella de vino en la mano que uso para embriagar la nostalgia acendrada de tu ausencia, para apagar lentamente esa llama que desde muy adentro me deflagra. Incluso cuando aún estábamos juntos la vida me parecía vacía sin ti y eso que te tenía conmigo, ahí recostada sobre mi pecho, apoyada tu cabeza sobre mi hombro cada sábado que íbamos a cine a no ver la película, porque creíamos que después de Bergman ya no valía la pena ver nada y que el acto de entrar al teatro era como uno de sus rituales de los que uno no puede zafarse por más ridículos que sean o por más que uno lo intente. 

El caso es que anoche vi a una mujer igualita a ti y me acerqué a hablarle para comprobar que era real y no una alucinación forzada, quería asegurarme de que tu clon trascendía lo físico, pero cuando la tuve frente a mí no supe que decirle ¿Puedes creerlo? ¡No supe que decirle! El corazón me palpitaba con inusitada fuerza, mis manos sudaban incansablemente. Sí, el mismo hombre que fue capaz de halagarte sin saber nada más de ti que lo que todos en la universidad sabían: que eras una de las estudiantes que estaba incursionando en el teatro y que al parecer prometías bastante. Sí, ese mismo hombre no fue capaz de hablarle a tu clon. Bueno, al menos no en el primer intento. Fue ella la que dijo la primera palabra: hola. Eso fue lo que me dijo tu clon en el mismo tono en que tú solías decirlo, con esa voz queda y fría que siempre te critiqué, con el mismo gesto de desinterés con que saludabas a los extraños, con esa mirada obscura y prepotente con que doblegabas hasta al más engreído. Vacilé un momento antes de poder responderle, mientras me miraba expectante, aburrida, agotada, pero una vez que le hablé y de que la interrogué una o dos veces con toda mi inventiva nos quedamos hablando durante horas. En un principio mi emoción rebosaba mis ojos y se proyectaba en un brillo insensato, apresurado, en palabras trémulas que se atropellaban unas a otras sin sentido en la lucha por ser pronunciadas primero, pero todo se derrumbó rápidamente como un castillo de naipes. De a poco me fui dando cuenta que tú no eras aquella mujer, de que nunca lo fuiste, me di cuenta de que tú nunca fuiste quien realmente eras, que siempre te escudabas bajo un velo infranqueable, me di cuenta de que yo estuve con una tú inventada, actuada, de que los últimos cinco años habían pasado demasiado rápido y de que todo había sido inútil porque no había llegado a conocerte. Advertí que todo lo que yo era es gracias a ti, pero que si tu habías sido una mentira yo también lo era. Por un momento me abstraje de la conversación que tenía con… Laura… sí, creo que ese es su nombre, y toqué fondo, vi el abismo interminable desde donde acaba y comprendí que vivía un engaño construido, vi que en el café en que estaba se reflejaba de forma extraña la luz lunar en la baldosa fría de su piso, vi tu rostro que me hablaba allende de la mesa, vi el diminuto lunar arriba de tus labios fundirse con el palpitar intenso de tu voz, vi tus manos huesudas agitarse en el aire incesantemente, vi tus cejas gruesas arquearse y formar una doble bóveda con el eje recto de tu nariz, vi tus labios rosados expandirse para mostrar tus dientes blancos en medio de una risa que no comprendía, vi tu pelo castaño refulgir cual ópalo por la absorción de la luz artificial de los bombillos, vi que en tu mirada había una acumulación de ayeres que decía más de ti que todo lo que alguna vez me habías contado.

Después de lucubrar un rato volví a poner atención a lo que me estabas diciendo, bueno, a lo que me decía tu clon, y me aburrí tan rápido que apenas pude me paré con un efugio débil y me fui lentamente. El rumbo que tomé luego es algo que aún no recuerdo, lo cierto es que a eso de la medianoche me encontré en la Zona Rosa y mientras caminaba a pasos largos por el andén me asió una incertidumbre general. Comprendí que todo el ruido que me rodeaba era el espejo fiel de lo que era yo en ese momento, un estanque bombardeado siempre por cientos de piedras. Entendí que eres más que una persona, que eres una parte de mí, en el sentido menos cursi de la expresión, es decir, realmente eres una parte de mí porque reflejas en tu forma de ser mi soledad absoluta, porque mi amor por ti es una autofobia que tengo miedo a afrontar, porque te amo enormemente por razones sentimentales que sigo sin comprender.

Sé que esto que te escribo puede parecer algo sonso, pero es que el amor es en cierto grado eso: es una estolidez extendida, es un paroxismo ilusorio, una estela desvaída que se diluye en el cielo. El amor, Sofía, es ese miedo que siempre me dijiste que sentías por la noche cuando en medio de la penumbra te levantabas al baño o a la cocina. El amor es como un jazz en slowmotion, es la caricia cadenciosa del viento sobre el pasto, es como tu gato al estirarse o como un perro que agarra un disco cuando aún está en el aire. A lo largo de estos meses que he estado sin ti he tenido que aprender a vivir incompleto, a andar todo el tiempo con una ausencia que me horada la planta de los pies y que luego se aloja cerca a mi rodilla largo rato para recordarme una vez más que ya no estás aquí. Durante las últimas semanas he querido ir al apartamento de tu hermana, pedirle tu número y llamarte, pero tu hermana me odia y además te prometí que no te buscaría. ¡Pero es que es tan difícil no querer buscarte mientras me resisto a levantarme de la cama a eso del mediodía! Es tan difícil no buscarte cuando camino por el centro y veo bajar el funicular de Monserrate repleto de gente que no conozco, cuando leo en el periódico un lamentable reportaje sobre la hambruna en África y me acuerdo de cómo odiabas que hablara siempre de las malas noticias, de cómo detestabas que te hablara de temas serios, de la economía mundial, de los políticos del país, de que todo estaba cada vez peor, de que cada vez había más pobreza y que nadie se atrevía a hacer realmente nada. Y ahora que lo pienso todo eso era tan trivial… ¿Sabes algo, Sofía? El amor es un sentimiento engañoso, nos miente a todos por igual, nos hace creer que lo necesitamos y sin embargo es él quien nos necesita a nosotros para existir, por eso se nos vende a cada rato, por eso nos vuelve adictos a él. El amor está tan perdido que nos obliga a buscarlo. Así como te busco yo a ti al ver Annie Hall cada noche comiéndome las palomitas de caramelo que tanto te gustaban, como te busco yo en cada pretexto que invento para escribirte cartas que nunca vas a leer, como te busco cuando me pongo a escuchar canciones de Benny Goodman y Harry James mientras me distraigo viendo como muere la tarde, como te busco al leer las cartas que me escribías en aquel tiempo en que apenas nos estábamos conociendo, en que caminábamos por la ciudad sin rumbo, siempre deseando encontrarnos con una aventura deslumbrante que nos sacara del tedio acumulado del día, pero nunca la encontrábamos y cuando nos acercabamos se nos escapaba del mismo modo en que ahora te me escapas en cada palabra que escribo esta mañana en la que todo me sabe a chocolate y senos extraviados, a Serpentine Fire, a todo eso de lo que tú y yo nos reíamos en los congresos literarios que tanto odiábamos, a todo eso de ti que se me ha olvidado y que trato de recobrar cada vez que te escribo pero que de todos modos se me escurre por entre las letras como agua inagotable.

¿Te dije que quemé el primer borrador de esta dedicatoria sin emisario?  Bueno, lo hice, y sé que vas a pensar que no he cambiado nada, que sigo siendo igual de tonto y díscolo, pero te equivocas, la verdad es que ya no soy el mismo desde que peleamos bajo el puente, no soy el mismo desde que dejamos de hablarnos, desde que decidimos que la distancia era la respuesta. No sabes cuantas veces he reconstruido esa escena, ni sabes tampoco cuantas veces me he arrepentido de lo que dije y también de lo que no dije. Pero el punto es que quemé el primer borrador porque revelaba demasiado de mí y también de ti. Y de todos modos me doy cuenta sin haber releído el texto de que esta versión no se aleja lo suficiente de lo que fue la primera.

Todavía me aterro, desprovisto totalmente de la supuesta frialdad que otorga el tiempo a los amantes, de cómo lograbas engañarnos a todos por igual, de cómo nos hacías creer que te parecías a un jazz cuando en realidad eras un blues profundo y sin cadencia. Eres verdaderamente una tremenda actriz. Cada vez que te veo en alguna revista o en algún insoportable noticiero del mediodía, mientras me dejo atender por el mesero de todos los días en el restaurante de todos los días, trato de recordar cómo eras cuando no actuabas. Pero siempre estabas entregada por completo a un personaje, nunca dejabas de interpretar a alguna mujer inventada o a esa niña traviesa creada por ti misma, medio personaje de Nabokov medio personaje de García Márquez, que nos hacías llamar Violeta. Recuerdo nítidamente cuando empezaste a conseguir papeles cinematográficos y yo te ayudaba a ensayar tus escasas líneas. La devoción que ponías en cada frase, en cada palabra, era en cierto modo un espejo de mi oficio de escritor y siempre sentí que tú eras mucho mejor en tu arte que yo en la mía. La prueba es que tú cumpliste tu sueño de llegar a Broadway y yo no he publicado sino una pobre recopilación de cuentos que no vendió más de cien ejemplares. Sabes que mi nombre me lo he hecho a punta de esas columnas ridículas que detesto y que escribo porque necesito el pan. Miento, lo hago porque me he vendido. Si el yo de hace quince años leyera lo que escribo hoy seguramente me patearía el culo y yo no tendría el descaro de resistirme. Tú, del otro lado del caribe y mucho más arriba, interpretas por fin a Eliza Doolitle y a Linda Loman. De hecho, escuché que estabas sonando para interpretar a Lady Macbeth en el montaje que va a hacer una compañía búlgara cuyo nombre no puedo pronunciar. Sé, aunque no lo aparente y te siga vejando por haber tomado la decisión de volverte actriz, que tu gazmoña madre está tan orgullosa de ti como tu hermana. 

A ratos te imagino despeinada por un gélido viento de madrugada en algún balcón de Manhattan y te envidio. Y me doy cuenta de que esa envidia que siento no es de que tú estés allá, sino de que tú estés allá sin mí. ¿Recuerdas que habían noches en las que me pedías que me inventara un relato donde tú y yo termináramos, después de muchos avatares, caminando por Central Park en un atardecer ventoso de otoño, con la hojarasca flava cubriendo por completo el asfalto de los senderos? Queríamos tragarnos el mundo, por aquel entonces. Aún no sé en qué momento ese deseo de cada uno dejó de involucrar al otro, porque no voy a negar que también yo empecé a distanciarme. Lo cierto es que poco a poco fue enfriándose la tarde y llegamos al crepúsculo. Estoy seguro que si nuestros amigos hubiesen apostado por quién de nosotros dos habría de sufrir más con el rompimiento, la mayoría se habrían inclinado por ti. Pero yo siempre supe que de los dos la más fuerte eras tú, que estaba mucho más vinculado yo a ti que tú a mí. Secretos de la relación, supongo. 

Yo estaba en una esquina de la sala, escuchando la intachable guitarra de I'll see you in my dreams, perdido por entero en el serpenteo melódico del gran gitano y buscando una idea por la cual dejarme seducir para encerrarla eternamente en un papel, cuando te vi abandonar el cuarto con tu maleta roja arrastrándose con esfuerzo por el piso viejo de nuestro apartamento. El cigarrillo que acababa de encender, como resultado de la ridícula necesidad de sublimar estéticamente el acto creativo, abandonó mi boca y calló cilíndrico al piso sin apagarse. Te increpé duramente y es que el sólo temor de no verte cada día me aturdía. Desde que te vi por primera vez en la universidad supe que estaba destinado a 
eventualmente conquistarte, así tuvieras novio, a enloquecerte, así parecieras ser la más tímida de tu grupo, a alejarte de una profesión que no era la tuya, así creyeras estar tan segura de tu elección y así tu mamá se resistiese, a enamorarte, así estuvieses perdida en tu más grande personaje: la Sofía de los primeros semestres. Supe que estaba condenado a amarte con la misma energía que vertía en mi escritura. Por eso traté de retenerte, por eso empleé todas mis armas de escritor para tratar de revertir lo que ya no podía revertirse. Pero cediste ante mi retórica bien entrenada y a partir de ese día fui otro contigo, la posibilidad de haberte perdido fue suficiente para despertarme del letargo amatorio en el que había estado inmerso las últimas semanas. Y aunque la cosa pareció reverdecer, muy pronto tú caíste en la cuenta de que ya no me amabas. Ante eso no había ya nada que yo pudiera hacer y yo en el fondo lo sabía.

No quiero que te aburras con este derramamiento eterno de frases que ya no sirven de nada, pero hay algo que debes saber antes de que la hagas una bola amorfa y de que la botes a la basura, y sé que eso es lo que harías si la leyeras porque a pesar de todo creo que te conozco un poco. No sé cuantos meses discurrieron desde que logré que te quedaras conmigo, pero sé que para ti no fueron más meses felices. Probablemente te quedaste conmigo más por una deuda con la costumbre que porque realmente tuvieses fe en el resurgimiento de algo ya muerto entre los dos. Y ahora que escucho a Frank Sinatra cantar melancólicamente tu canción favorita
I’m in the mood for love simply because you’re near me
Funny but when you’re near me, I’m in the mood for love.
soy más consciente que nunca de la gran brecha que nos separaba por esos días. Había un vacío tremendo en el ejercicio mismo de amarnos y eso quedaba especialmente claro a la hora de arrojarnos a la cama sin compasión para llevar a cabo un acto que nos desvirtuaba con cada orgasmo forzado, con cada gemido inercial, con cada giro coreografiado en otra rutina antes interpretada, con cada temblor que el cuerpo sufría en la ejecución del mecanismo del sexo.
Heaven is in your eyes, bright as the stars we’re under,
Oh, is it any wonder, I’m in the mood for love.
Ya no éramos los de antes y ya no podríamos ser ellos otra vez, ellos estaban deificados e inalcanzables en el pasado como los dioses griegos en su decadente Panteón soterrado por la herrumbre del olvido. Creo que a ti y a mí nos pasó que en algún punto, que todavía estoy tratando de ubicar, me cogiste una ventaja tremenda y de ahí en adelante ya no pude volver a alcanzarte.
Why stop to think of whether this little dream might fade,
We’ve put our hearts together – now we are one, I’m not afraid.
Después de que seguí y seguí caminando durante horas, caviloso todo el tiempo, tratando de entender algo de ti y de lo que nos había pasado, por fin dí con algo que me detuvo. El alba rayaba ya el cielo con su tela áurea y entonces comprendí el sueño desbordante de nuestro amor: todo el tiempo que estuvimos juntos fuiste tú, obra y vida, y yo no fui más que el ojo del que no puede ni crear ni vivir, el del que no le queda otra opción que entregarse a ser un espectador, un fotógrafo del momento, un relator del suceso.
If there’s a cloud above, if it should rain, we’ll let it.
But for tonight forget it, I’m in the mood for love.
Tengo en el bolsillo de mi chaqueta el papel con el número de... Lorena, sí, creo que ese es su nombre. Supongo que mañana o mejor dicho, más tarde hoy, la llamaré e intentaré conocerla a ella. Debo seguir adelante como tú lo hiciste, así para mí el exorcismo de este amor sea mucho más difícil y requiera de muchas más de estas cartas sin destinatario. Trataré de no ver en ella otra tú, de no ver un clon, una réplica. Después de todo, en este mundo no habrá para mí más que una sola y única Sofía posible.

sábado, 19 de mayo de 2012

Instrucciones para dormir




El sueño ayuda a recobrar las energías perdidas a lo largo del día y por ello es fundamental realizarlo de manera correcta. Aunque pueda llegar a parecer innecesario, es muy importante la preparación previa a la acción culminante, es decir, que antes de dormirse por completo se deben ejecutar  apropiadamente ciertos pasos. El primero de ellos es el de ponerse el pijama; para esto es conveniente tener más de uno, pues la elección del adecuado dependerá inevitablemente de las circunstancias. Si la habitación donde se halla la cama se encuentra a baja temperatura o invadida por una brisa gélida, se debe optar por el uso de un pijama de tela gruesa, que cubra todo el cuerpo (a excepción de la cabeza, las manos y los pies, que siempre deben estar descubiertos); si por el contario, la temperatura dentro de ella tiende a ser elevada, es mejor usar pijamas ligeros.

Una vez haya sido elegido el pijama, se debe proseguir con la elección de las medias, la cual está indiscutiblemente supeditada a la primera, lo que significa que si la noche es fría se deben usar medias abrigadoras y si la noche es caliente se puede dormir sin ninguna.
El paso siguiente es tan importante como los dos primeros, ya que de él depende la vida útil de nuestra cavidad bucal y sus componentes, que son comúnmente denominados con el nombre de dientes, por lo que la persona se debe parar frente al lavamanos, que debe estar preferiblemente ubicado debajo de un espejo donde el sujeto pueda ver el reflejo de su rostro. Como suponemos que el lector de estas instrucciones conoce el método adecuado para cepillarse los dientes, omitiremos una innecesaria digresión, y procederemos a exponer el siguiente paso, para el que es necesario el retorno a la habitación en la que se va a dormir.

Ya dentro de la habitación referida anteriormente, el lector debe situarse a un costado de la cama y con una de sus manos asir uno de los extremos del tendido y halarlo suavemente hacia el lado opuesto a la cabecera (delante de la cual irá ubicada la cabeza) hasta abrir un resquicio diagonal por donde se introducirá el cuerpo agotado de la persona. Este proceso también se debe realizar con las cobijas y la sabana. Luego de que se haya finalizado ésta acción inaugural, la persona debe sentarse en el lado descubierto y, levantando ambas piernas a la altura del borde de la cama, virarlas de tal modo que queden sobre el colchón. Por último, el sujeto debe descender el torso y la cabeza procurando que la nuca repose sobre la almohada, mientras se recogen con las manos (en un movimiento opuesto al hecho para descubrir el espacio donde ahora se halla la persona) la sabana, las cobijas y el tendido hasta cubrir con ellas todo el cuerpo. Si todo esto se ha ejecutado con exactitud, la persona solo debe cerrar los ojos y procurar conseguir el sueño, para lo que se recomienda el conteo de ovejas ó la reproducción de música apacible y lenta.

lunes, 7 de mayo de 2012

Etat Second





La invención pura, la imaginación pura, es una falacia. Nada de lo que produce nuestra mente surge de la nada, todo lo que creamos se vale de algo ya preexistente, de una materia bruta almacenada y que está a la espera de que un momento de inspiración la moldee, de que una explosión creativa la saque a la luz y la haga bogar en la superficie de lo perceptible.

viernes, 2 de diciembre de 2011

The conference

People are complete shit

People are complete shit, you know. If there’s something that I have learned from society during my whole life, is that human beings aren’t of a good nature. They are mean, disrespectful, rude, disorganized, aggressive, egocentric, cruel and incapable of feeling true compassion towards others (short pause) however, the main problem of human beings is selfishness. Yeah, that is the mother of all the other shortcomings of the occidental man. You may find it funny, but it isn’t, at all. Because of selfishness, a person is capable of starting a long detrimental and self-destructive conflict that most of the times don’t involve a great reward. If you don’t believe me just ask Menelaus or Paris, they sure know what I’m talking about. (Medium pause, he walks a little)

But don’t get me wrong, I don’t want you to be insulted, although you probably aren’t. You are probably saying to yourself: “oh man, this guy is right, I’ve been interacting with people like that during my entire life.” Well I got news for you guys: we are all shit. And I want you all to be honest and self-critical with yourselves. I mean, let’s face it, western civilization has totally failed, that’s why we are eating Chinese food, reading about Indian beliefs, decorating our houses according to what a Feng-Shui manual says and practicing yoga three or four times a week. (Short pause and a smile) But let me tell you something: Those Asian guys are not doing so great either. They aren’t good people either; they are just like us, except that they are many more. (Short pause, gesticulate with hands) The point is that the whole human race is doomed. We have no hope. We are one diplomatic incident away from the end.

(Long long pause, walks to one side and other)

But you know… I don’t want to get dead serious; I just wanna talk, because talking is good. That’s what most of us is looking for, someone to talk with for the rest of our lives. And the funny thing about that search is that in the end, when we’ve been married for a while we don’t wanna talk with our partner about anything, unless it’s strictly necessary… (Changes his voice and emphasizes the dialogue with faces): “Hey honey, what do you want for dinner? –Whatever you want sweetheart; I don’t care- So Chinese food? -Again? -Then what? - Chicken -Chicken? Is that what you want for dinner?-Ugh, then do whatever you want, you always do it anyway…” (Short pause) That is what our lives become eventually: a tedious routine without any kind of excitement.

And we thought when we were young that growing old was going to be so much fun because we were going to be able to do everything we wanted to without asking permission. Well, listen to me kids, there’s really nothing to do when you are a grown up. There’s not a funnier stage of life than the one that includes childhood, adolescence and youth. I mean Tolstoy took the time to write a book about that phase… that’s gotta mean something. (short pause) And there isn’t any doubt about which of those three is the best one, because we all know that childhood is the greatest. When you hit puberty your life starts a long and horrible process that slowly leads you to death. You start having pimples, hair grows all over the place, you need to start developing techniques to hit on girls and you suddenly feel the need to be popular and loved.
(Emphasizes with his hand)

And talking about popularity, in life you can be one of three kinds of people: the guy who doesn’t know anyone and has no friends at all, the one that has many many friends and is incredibly successful and popular, or, and this one is the most common, a regular guy that can be successful and that has a considerable amount of friends, but just a few of them are real. I mean, life can be really sad: when you reach certain age, you realize that true friendship is something really hard to find and that most of the times it isn’t anything more than a poor mirage. (Short pause)It is. And it is because society runs on a plutocratic model: you only have friends as long as you have money. If you don’t believe me, then let me tell you a little personal experience: When I was at college I used to have this great friend, we were inseparable and after we graduated, we continued being best friends for many years. After graduating I started working in a big company and I rapidly started making great money. My Friend, however, wasn’t doing so well.  One night he came to my apartment, desperate and at the verge of crying. He told me he needed two thousand dollars and that he was completely broke. I lent him the money because he was my old Pal, my good friend and I really wanted to help him. And I remember that after I gave him the check he said to me: “Oh man, this is great, you are such a good person, the greatest friend a person could wish for, you don’t have to worry about anything, you now have me, I’ll do anything for you and I’ll do everything with you, you just relax, whenever and wherever you need me, just give me a call and I’ll be there for you, I really owe you one man”. (Medium pause, he moves again from one side to another) You see, to me life is like a Ferris Wheel; one moment you are at the top contemplating everything with a known complacency and the next one you are at the bottom, longing for the top. Sinatra sung about that like 50 years ago in That’s life and he was so right.

(Long pause, nodding and intensity in his look)

Nevertheless, the thing is that our friendship suffered a progressive alienation and we stopped talking with the same frequency that we used to. Time went on and because of one of those many contingencies that there are in life, that big company where I worked and in which I had ascended to a pretty good position, went broke and I lost my job. And that’s terrible; I mean, try to picture yourselves in my position, you have a wife and two children to feed and without any incomes, just your life savings. So what do you do? You just call your old pal, your good friend that is now doing great and who, in his words, “owes you one”. You invite him for lunch and over there you tell him the story. He looks at you with a peculiar mix of pity and hidden indifference. He tells you that he doesn’t have the money at the time, but that he will make a few calls to see what he can do for you. You go back home pretty unmotivated and completely helpless. Two weeks later you hear from the mouth of a friend of your wife who happens to be also a friend of your old pal’s wife that: that good friend of yours recently bought a house on the beach and that he is going on a cruise through the Bahamas for summer vacations.(short pause and slow nodding) And that after he told you 5 years ago that he will do anything for you and everything with you, that you just needed to call him and he’ll be there for you. Well, he really owed you one because he never even paid you the money you lent him. (Short pause, Looks down and up)

Time goes by again. Three years have passed since that incident, you are back on your feet and you are doing better than before. You just bought a great apartment downtown and a beautiful summer house in Boca. You have never felt happier in your life. Suddenly, one Saturday, someone calls you close to midnight. (Short pause) yeah, it’s your old pal. He needs you to lend him some money, he is completely broke and about to lose his house. You meet him Monday morning, he explains it everything to you. You hear him, but the whole time you are thinking that now you are the one who has the upper hand. He let you down when you most needed him and now he has the nerve to ask you for money again? You already helped him once, why should you help him again? After all he acted like an asshole last time. (He makes a face) But because you are a good person, you will give him the money; you want to make a gesture of greatness so you can be in a higher moral position. At the same time, you just wanna make sure that he is not going to avoid his promises again and you make him sign a promissory, so this time you can have a written document that can be valid in a national law court. You know that you will never use it but you want him to ponder his behavior. (Short pause, looks down and leans a little bit) You people might think that I was an idiot, but I just never forget that life is like a Ferris wheel. And if I might be on the bottom again, I hope that my old pal will remember that I helped him twice and that he now owes me two. (Leans forward and smiles, not because of happiness or satisfaction about his speech but for the joy of ending)

lunes, 24 de octubre de 2011

Angel eyes




Un bajo presentándose
tu rostro acariciado por la luz oscura
de una vela verde
que en el fondo resplandece

Copas hialinas chocando
el calor asfixiante de la fogata
5 o 6 personas bailan
y yo desde un sillón te contemplo

Me pierdo en tus ojos
y hay en el aire un olor
a sexo quemado,
a amores calcinados,
y tu sonrisa de ratona surge como un halo.

Te miro, una última vez,
y veo que el verde de tus ojos
juega con el amarillo suave de tu pelo
y el mágico saxofón de Benny Carter conversa largamente
con el piano sobrio del olvidado Angel eyes.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Pensamientos Aleatorios IV


Cuando el sujeto está seguro de que la realidad existe, ésta se vuelve una verdadera realidad. En lo personal, creo que la realidad existe, pero aún no estoy muy seguro.

martes, 19 de julio de 2011

Lo que quiero yo en un pais

Fraternidad, igualdad y libertad.


Si yo fuese el presidente y fundador de una nación, mi gobierno estaría lo más alejado posible de la autarquía tiránica que caracteriza a los estados jóvenes. El éxito, así aun no se haya logrado, se encuentra en la práctica de la democracia. Una nación donde un solo individuo rige colectividades enteras, es una nación destinada a padecer de animadversión, de ambiciones sin escrúpulos, de disensiones conflictivas y de rebeliones sangrientas que sólo la llevaran a una paulatina autodestrucción. Por ello, mi país será una república democrática regulada por los resultados y los meritos, y no será, bajo ninguna circunstancia, una oleaginosa oligarquía en busca de la concentración despiadada de los recursos nacionales, propiedad de todos y cada uno de sus habitantes, contrario a lo que creen los empresarios imperialistas que han llevado el capitalismo hasta sus últimas consecuencias.
En cuanto a la disposición geográfica, el país tendrá el tamaño ideal: una superficie equivalente al estado de Texas sumado al de Oklahoma. Deberá tener, necesariamente, dos salidas al mar y una considerable cantidad de ríos navegables para generar un desarrollo equitativo en la nación, pues, basándonos en el pensamiento de Adam Smith, el progreso girará en torno a sus futuras zonas costeras y vías fluviales. La capital deberá estar lo más cerca posible al centro del territorio nacional y deberá estar resguardada por altas montañas en uno de sus flancos, desde donde se podrá vigilar y planificar el desarrollo progresivo de la urbe. Asimismo, la organización política será de carácter federalista, alejada del centralismo miope que conlleva al progreso asimétrico de las regiones. En cuanto a las políticas económicas, debo recalcar que serán de tipo capitalista y liberal, pero controladas por rigurosas normas de tendencias socialistas enfocadas en el control de la distribución interna del capital y no del flujo internacional del mismo, lo que permitirá una mejor repartición del dinero y sus beneficios, sin restringir en ningún momento el crecimiento de la propiedad privada y de la industria.
Se protegerá especialmente a la agricultura y a la ganadería, y se fomentará la industrialización del país. Con el dinero recaudado a través de los impuestos, se invertirá en infraestructura y cobertura educativa, lo cual impulsará la inversión extranjera en el país y asegurará su posterior desarrollo. También se destinará una porción considerable a la conservación del medio ambiente, a la promoción de actividades culturales, y a la investigación científica y tecnológica; todo esto con el fin de promover el hallazgo y descubrimiento de nuevos medios que faciliten y mejoren la vida de los habitantes del país y, si es posible, del mundo.

martes, 7 de junio de 2011

Creo que voy a morir esta noche


Creo que voy a morir esta noche,
que voy a dejar este mundo de una vez por todas y para siempre,
y que no volveré a ver jamás tus dulces ojos verdes.

Creo que voy a morir esta noche
y que la luna consolará tu llanto
mientras se va apagando el color de mis labios
y el palpitar ávido de mi pecho.

Quizás no vuelva a ver otro crepúsculo.
Acaso no sea la luna la que vea
 como pierden mis ojos su brillo,
y sean las nubes y el sol
las que me vean arrojar mi último suspiro.

Creo que voy a morir esta noche,
y mientras mis ojos dejarán de contemplarte,
tu estarás allí para observarme,
para besar mis labios sin vida
para derramar tus lagrimas sobre mi camisa blanca,
al tiempo que te consuelan en la noche las hadas de la vida.

Pero, ¿quién soy yo para hablar sobre la muerte?
yo no sé nada y no quiero saberlo;

solo espero que mis palabras
no sean ecos sin sentido en tu recuerdo;

solo espero que mi alma,
 sin importar si hay un cielo o un infierno,
no vaya a olvidar nunca como lucía tu rostro
bajo la débil luz de las estrellas.

martes, 10 de mayo de 2011

Pensamientos Aleatorios III


El mundo, desde la perspectiva individual, es como un bosque inundado por la bruma: no podemos ver sino una limitada parte de su todo y a medida que avanzamos en una dirección, descubriendo lo que antes estaba oculto, se va perdiendo lo que está en la dirección opuesta.

lunes, 18 de abril de 2011

Plumas de destino

Anochecía; parpadeaban las primeras estrellas mientras yo continuaba allí sentado, esperando que ocurriera lo que por tanto tiempo había deseado, cuando de pronto se levantó una brisa agradable y fresca, y con ella una pluma que terminó acariciando mi ventana y que de a poco fue tomando su destino, agitándose trémulamente en ese aire tibio que inundaba la ciudad bajo el manto negro de la noche, sofocando a los amantes extenuados tras el éxtasis y confortando a los vagabundos y viandantes que parecían disfrutar de las calles llenas de ruido y polvo.

Y sin embargo yo seguía ahí sentado en mi recamara, ajeno a toda esa hilatura de circunstancias y personas que configuraban la esencia de la urbe, de la ciudad cosmopolita que se traga de una sola zampada a los soñadores novatos, a los artistas noveles, a los trabajadores en busca del éxito escurridizo, a esas personas que nunca han visto un edificio de más de tres pisos y que admiran aterrados esas agujas de cemento que parecen querer desinflar las nubes y desgarrar el cielo con su punta cimera, cuando para mí no son más que productos de la vanidad humana, esa vanidad que hoy me tiene aquí encerrado como en una especie de autoexilio, en un retiro provocado por una culpa que pesa más que todas las armas del mundo reunidas, si es que eso es remotamente posible, si es que es posible ese armisticio necesario para que la metáfora sea un hecho y no una frase onírica destinada a servir de herramienta retórica en esta triste elegía que no me ha salido como me hubiese gustado, si es que algún día vamos a dejar de patinar sobre este suelo cubierto por la sangre hirviendo de los muertos en las guerras, si es que llegará alguna vez la hora en que nos dejemos de joder y aceptemos por fin la imposibilidad de retornar al paraíso perdido, a ese paraíso que quise solo para mí y que nunca pude alcanzar, que no pude ni siquiera vislumbrar y que de paso vedé a mis congéneres, especialmente a ella, a esa mujer que probablemente no va vivir sino en mi recuerdo, en los rescoldos de este amor que todavía siento intensamente aunque el tiempo vaya extinguiéndolo con su vórtice frío. 

miércoles, 6 de abril de 2011

Flores convertidas mariposas

Las flores se convierten mariposas
que se transforman en lechuzas
que se vuelven sueños
y luego quimeras llenas
de colores, sonidos y perfumes,
y de un ronroneo continuo,
una suave caricia
dibujada sobre el alma
como una pincelada amarilla.

Pero de pronto,
todo eso deja de ser fantasía
se aposenta,
y de golpe se vuelve filosofía,
ideal político,
sistema revolucionario, cambio,
el sueño se vuelve cambio
y la ficción el modo de llevarlo a cabo.

Y ya no hay más arte ni poesía,
la quimera es un mensaje importante
que debe comunicarse en verso
con la misma urgencia de un edicto imperial
expedido por el rey de Francia.

Y ya nada es arte;
todo es significado
y las flores convertidas mariposas,
transformadas en lechuzas
que se han vuelto sueño y luego quimera
dejan de ser eso
y se vuelven pétalos marchitos
pétalos que son la desazón personificada,
la frustración que la precede,
el triste despertar del ensueño destruido,
las flores revejidas por lo circundante
que terminan siendo,
nada más que cenizas danzando con el viento.

viernes, 11 de marzo de 2011

Cataclismos literarios




Azules, solo hay 10 rosas puras en el mundo
una en Roma
otra en Praga
un par en París 
en Egipto tres 
en China dos 
y en Australia una. 

Se dice desde hace siglos 
que cuando las diez rosas azules
ocupen un mismo lugar,
un mismo punto en el espacio, 
superpuestas verticalmente 
y formando un solo átomo infinito
ocurrirá un cataclismo universal
tan vasto
que acabará en un segundo, 
con la vida y el mundo.

domingo, 6 de marzo de 2011

El significado de las palabras




Frases que son lianas que son manchas de humedad que son sombras proyectadas por el fuego en una habitación no descrita que son la masa oscura de la arboleda de las hayas y los álamos azotada por el viento a unos trescientos metros de mi ventana que son demostraciones de luz y sombra a propósito de una realidad vegetal a la hora del sol poniente por las que el tiempo en una alegoría de sí mismo nos imparte lecciones de sabiduría tan pronto formuladas como destruidas por el más ligero parpadeo de la luz o de la sombra que no son sino el tiempo en sus encarnaciones y desencarnaciones que son las frases que escribo en este papel y que conforme las leo desaparecen:


no son las sensaciones, las percepciones, las imaginaciones y los pensamientos que se encienden y apagan aquí, ahora, mientras escribo o mientras leo lo que escribo:


no son lo que veo ni lo que vi, son el reverso de lo visto y de la vista -pero son lo invisible: son el residuo no dicho,


no son el otro lado de la realidad sino el otro lado del lenguaje, lo que tenemos en la punta de la lengua y se desvanece antes de ser dicho, el otro lado que no puede ser nombrado porque es lo contrario del nombre:


lo no dicho no es esto o aquello que callamos, tampoco es ni-esto-ni-aquello: no es el árbol que digo que veo sino la sensación que siento al sentir que lo veo en el momento en que voy a decir que lo veo, una congregación insustancial pero real de vibraciones y sonidos y sentidos que al combinarse dibujan una configuración de una presencia verde-bronceada-negra-leñosa-hojosa-sonoro-silenciosa;


no, tampoco es esto, si no es un nombre menos puede ser la descripción de un nombre ni la descripción de la sensación del nombre ni el nombre de la sensación:


el árbol no es el nombre del árbol, tampoco es una sensación de árbol: es la sensación de una percepción de árbol que se disipa en el momento mismo de la percepción de la sensación de árbol;


los nombres ya lo sabemos, están huecos, pero lo que no sabíamos o, sí lo sabíamos, lo habíamos olvidado, es que las sensaciones son percepciones de sensaciones que se disipan, sensaciones que se disipan al ser percepciones, pues si no fuesen percepciones ¿cómo sabríamos que son sensaciones?


sensaciones que no son percepciones no son sensaciones, percepciones que no son nombres ¿qué son?


si no lo sabías, ahora lo sabes: todo está hueco;


y apenas digo todo-está-hueco, siento que caigo en la trampa: si todo está hueco, también está hueco el todo-está-hueco;


no, está lleno y repleto, todo-está-hueco está henchido de sí, lo que tocamos y vemos y oímos y gustarnos y olemos y pensamos, las realidades que inventamos y las realidades que nos tocan, nos miran, nos oyen y nos inventan, todo lo que tejemos y destejemos y nos teje y desteje, instantáneas apariciones y desapariciones, cada una distinta y única, es siempre la misma realidad plena, siempre el mismo tejido que se teje al destejerse: aun el vacío y la misma privación son plenitud (tal vez son el ápice, el colmo y la calma de la plenitud), todo está lleno hasta los bordes, todo es real, todas esas realidades inventadas y todas esas invenciones tan reales, todos y todas, están llenos de sí, hinchados de su propia realidad;


OCTAVIO PAZ: El mono gramático